El intestino hormonal: tu segundo cerebro endocrino
El intestino regula mucho más que la digestión. Descubre cómo tu microbiota influye en tus hormonas, tu energía y tus emociones.


El intestino hormonal: tu segundo cerebro endocrino
Tu intestino no solo digiere: también comunica
Más del 90 % de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino.
Por eso, cuando hay inflamación o disbiosis (desequilibrio bacteriano), también se altera tu estado de ánimo, tus niveles de energía y tu regulación hormonal.
El intestino forma parte del eje intestino-cerebro-hormonas, una red que conecta digestión, emociones y glándulas endocrinas.
¿Cómo afecta a tus hormonas?
Cuando la microbiota está en equilibrio:
El cuerpo elimina estrógenos viejos correctamente.
Se regula la insulina y el apetito.
Mejora la absorción de vitaminas del grupo B y minerales clave.
Disminuyen la inflamación y los picos de cortisol.
Pero si el intestino está alterado, los estrógenos se reabsorben, el metabolismo se vuelve lento y los cambios de ánimo se vuelven más intensos.
Señales de un intestino desbalanceado
Inflamación o gases frecuentes.
Fatiga después de comer.
Cambios en el humor o ansiedad sin causa clara.
Acné, niebla mental o retención de líquidos.
Problemas para dormir o digestión irregular.
Estos síntomas no siempre son digestivos: son hormonales.
Fitoterapia y hábitos para restaurar tu eje intestinal
Triphala y menta: mejoran la motilidad y reducen la inflamación.
Semillas de lino molidas: favorecen la eliminación de estrógenos.
Manzanilla y jengibre: calman el sistema nervioso entérico.
Fermentados naturales (kéfir, kombucha, yogur vegetal): reconstruyen la microbiota.
Alimentación antiinflamatoria: rica en vegetales, grasas buenas y especias suaves.
El intestino no se repara con restricción, sino con coherencia: descanso, digestión tranquila y nutrición viva.
Sanar desde el centro
Tu intestino es el puente entre tus emociones y tus hormonas.
Cuando lo cuidas, todo se sincroniza: tu energía, tu claridad mental y tu equilibrio interior.
Escucha lo que tu digestión dice: ahí comienza la verdadera regulación hormonal.


